El camino de Santiago. Ser uno con la madre naturaleza.

Hacer el camino de Santiago era una de las experiencias que tenía pendiente y que deseaba vivir este mismo verano si todo salía bien. Hoy os quiero contar lo que ha significado para mi hacer el camino y poder terminarlo con éxito. Hace escasos días que finalicé junto a mi pareja y compañera de vida, la última etapa del camino de Santiago con la llegada victoriosa a la plaza del Obradoiro frente a la siempre imponente catedral de Santiago.

Además y sin pretenderlo, nuestra fecha de llegada a la ciudad coincidió con el fin de semana grande de la capital de Galicia. Se celebraba el día de Santiago justo el día que nos encontrabamos caminando los últimos kilómetros del camino por las calles próximas a la catedral.

En el camino de Santiago la gente suele mostrar curiosidad por conocer el motivo por el cual haces el camino.

flecha amarilla camino de Santiago
Piedra pintada con flecha amarilla indicando la dirección a seguir para llegar a Santiago

Para nosotros los motivos para hacer el camino no han sido religiosos, ya que no nos sentimos afines a ninguna religión en concreto. Al finalizar el camino recibes (si quieres) la célebre compostelana. Que no es ni más ni menos que un diplona acreditativo por escrito que dice que has realizado “oficialmente” el camino. Aunque personalmente pienso que nadie mejor que uno mismo puede acreditar que has terminado el camino de Santiago, nosotros recogimos la compostelana más como recuerdo de nuestros días en Galicia y en el camino, que por tener que acreditar nuestras andanzas gallegas ante nadie.

Cuando solicitas la famosa compostelana te preguntan por escrito los motivos por los que has hecho el camino, teniendo como opciones: Religiosos, espirituales o turismo-deportivos. Para nosotros sin duda ha sido una experiencia entremezclada de espiritualidad, reflexión, meditación y actividad turística o más bien contemplativa del impresionante paisaje con el que te encuentras durante el camino rumbo a Santiago.

Hacer el camino ha significado para mi una experiencia ideal para la REFLEXION INTERIOR y la contemplación de la naturaleza más salvaje y preciosa que tiene este bello país.

Apreciar los sonidos de la naturaleza en estado puro, sus olores y sus extraordinarios colores son los recuerdos que se quedarán para siempre en mi mente. Y  por supuesto el gran placer de conocer a sus gentes, pueblos y aldeas que se encuentran en el discurrir del camino. Construcciones de piedra que impresionan a primera vista y que te hacen sentir como si te hubieras quedado atrapado en el tiempo, evocandonos mentalemente como podía ser la vida hace muchísimos años atrás, antes de la era de las grandes ciudades industrializadas y masificadas que hoy en día conocemos.

Dentro de nuestra rutinaria vida de obligaciones, preocupaciones y circunstancias, casi nunca disponemos de tanto tiempo para pensar, meditar y reflexionar como cuando te encuentras andando una media de veinticinco kilómetros diarios o lo que es lo mismo, unas cinco horas y media caminando cada día.

tiempo para pensar…

Si pienso en lo que ha supuesto esta experiencia para mi y de que manera la he podido disfrutar, tengo que hablar de grandes momentos inspirados por el tremendo paisaje con el que me cruzaba a cada paso y de los miles de pensamientos que llegaban a mi cabeza durante cada etapa. Reflexiones de todo tipo aparecían en mi mente mientras andaba. De mi propia vida, de lo que me queda por hacer, de lo que he podido conseguir hasta ahora, de cómo las personas nos perdemos en las cosas banales y poco importanes, y no focalizamos nuestra energía y esfuerzo en lo realmente fundamental de la vida. De nuestra obsesión enfermiza como sociedad por las cosas materiales o superficiales, sin prestar atención a nuestro ser interior y escuchar lo que nos demanda constantemente. Que no es otra cosa que claridad, paz y serenidad para hacer frente a nuestras vidas de forma satisfactoria. Meditaba sobre las preocupaciones absurdas que todos tenemos a menudo durante nuestro día a día y de lo importante que es mantener un adecuado auto dominio de la mente junto con unos correctos hábitos de vida saludables.

Tenía tiempo suficiente para pensar en todo eso y mucho más.

Recuerdo cuando mi compañera y pareja me decía durante el camino que le resumiera en una sola palabra lo que estaba significando para mi hacer el camino. En mi mente apareció la palabra “UNIÓN”. Y en la suya florecieron dos palabras a la vez: “SUEÑOS” eILUSIÓN”.

Unión, sueños, ilusión…

UNIÓN es la emoción más intensa y lo que realmente he sentido haciendo el camino. Unión y fusión junto con la madre naturaleza y sus increibles paisajes, junto con los animales que se cruzaban a nuestro paso (vacas, perros, gallinas, pájaros, etc…) y por supuesto UNIÓN y AMOR hacia mi pareja y hacia todas las personas con las que coincidiamos durante las travesías, las paradas o los momentos de descanso.

Durante el camino brota desde el interior de cada peregrino un sentimiento de solidaridad y amor común entre todos los que nos encontramos andando el camino. Supongo que este sentimiento surge debido a que estamos realizando la misma actividad y compartiendo las mismas dificultades, los mismos altibajos y las idénticas sensaciones. Todo eso en su conjunto creo que es lo que nos une a todos los peregrinos durante el trayecto.

EN EL CAMINO PUEDES VER LO MEJOR DE LA NATURALEZA HUMANA QUE SE ENCUENTRA OCULTO EN NUESTRO DÍA A DÍA.

Esta espontánea e incondicional unión debería ser la misma que tendríamos que sentir de forma permanente hacia todas las personas que nos encontramos en nuestra vida cada día. Ya que el camino no es ni más ni menos que una pequeña metáfora de lo que es la propia vida.

Todos nos encontramos realizando el trayecto de la vida con las mismas o parecidas dificultades, semejantes incógnitas y problemas e iguales deseeos de ser felices y sentirnos bien.

Caminar y caminar…

Ana (mi pareja) definía el camino como una mezcla entre momentos para soñar y para ilusionarse, debido a los propios espacios temporales de los que disponíamos cada día para la reflexión, junto a la ya mencionada excelencia visual y paisajística que nos encontrabamos contemplando a cada paso. Realmente era imposible no tener grandes pensamientos, sueños e ilusiones andando por esas infinitas corredoiras dentro del intenso e imponente bosque verde y lleno de vida que teníamos que ir cruzando al caminar. Puentes de piedra, rios rebosantes de agua, grandes y frondosos árboles, rutas mágicas que parecían sacadas de películas fantásticas y casas acogedoras junto al camino que se encontraban decoradas al detalle y mimadas hasta la perfección por sus habitantes.

Caminando (al igual que en la vida) es inevitable pasar por momentos de alti bajos en los que puedes sentir la safistación de encontrarte en ese mágico y privilegiado lugar, junto con los irremediables dolores físicos y la acumulación del lógico cansancio que alteraban nuestro estado de ánimo de forma considerable pero por breve espacio de tiempo. Pronto levantabas la vista al horizonte y olvidabas esos inconvenientes físicos para llenar nuestro ser de la riqueza interior que estabamos sitiendo contemplando cada espectacular lugar por el que transitabamos.

Sensaciones…

Cuando llegas a Santiago y accedes a su plaza del Obradoiro caminando los últimos metros del camino, es sinónimo de que tu “misión” ha llegado a su fin. De forma nuevamente espontánea y natural mana del interior de tu ser un sentimiento intenso de emoción dificil de explicar. Sin esperarlo, aparecen incluso las lágrimas y de nuevo sale a la luz los sentimientos de UNIÓN y AMOR por haber podido terminar victoriosos tan bonito reto. Como os dije al principio, no eran motivos religiosos los que nos movían para hacer el camino pero eso no era ningún inconveniente para disfrutar  del sentimiento común de todos los peregrinos que nace al terminarlo.

Brota del alma y del interior más noble y luminoso que posee cada peregrino que hace el camino, el verdadero sentimiento de AMOR que en realidad todas las personas tenemos en esencia dentro de nuestro espiritu.

Como ya os he contado, son muchos los motivos por los que recomiendo vivir esta experiencia y aunque solo sea por lo que se siente al llegar al final, merece muchísimo la pena experimentar y vivir el camino de Santiago.

Tierras de buena gente

En Galicia hemos podido conocer a las gentes de esas tierras tan especiales. Allí las personas tienen algo diferente. Son nobles, humildes, amables y solidarias. Realmente es dificil andar por Galicia y no coincidir con personas de esas que te encuentras por la calle o en un establecimiento cualquiera y que con solo intercambiar dos frases te dás cuenta que son buena gente de verdad. Sin otras intenciones o intereses. Son personas de buen corazón y auténticas. Me pregunto a que se deberá este buen rasgo humano que tienen tan acentuado los gallegos ¿Tendrá algo que ver vivir en tan increible lugar la gran bondad de sus gentes? No lo sé. Pero lo cierto es que, sea por lo que sea, son diferentes en forma de ser al resto del país. Tienen una cultura y una forma muy humana de relacionarse. Y es que cuando se juntan los grandes valores de la humildad con la amabilidad y la bondad, surge lo mejor de la especie humana. Y en Galicia se dá la circunstancia de esa mezcla de valores humanos que hacen a sus gentes especiales y con un nivel de amor alto y cuidado.

Este es mi pequeño homenaje a esas gentes del norte, a sus increibles tierras y a su modo y forma de vida tan beneficioso, saludable y necesario para un mundo mejor.

Sin duda esta ha sido una experiencia inolvidable y que recomiendo a todos los que os guste la naturaleza, el deporte, conocer personas e intercambiar impresiones o simplemente salir fuera y ser uno con la naturaleza.

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Responses

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  1. Estupendo su relato sobre el Camino de Santiago, algo notó de especial y sabe relatarlo; no hay mucha gente así. Yo lo anduve en 1999, estuve caminando durante 33 días y me dejó tan encantado que después he regresado varias veces y por diferentes rutas y eso que mi afición principal es el montañismo; incluso escribí un libro de cuentos y otro de poemas con la inspiración recibida. Y no he sido el único, la cantidad de libros sobre el Camino de Santiago es impresionante, pero siempre vendrá bien uno nuevo, ¿verdad?
    Saludos desde León.

    1. Gracias Daniel por tus palabras. Hacer el camino te llena de inspiración y energía positiva. Yo sólo estuve una semana andando, así que seguro que en tu aventura disfrutaste de una desconexión total y una renovación interior muy profunda al estar nada más y nada menos que 33 días caminando. Me encantaría volver y probar otras rutas y … ¿porqué no? escribir un libro jejeje
      Muchas gracias por compartir tu experiencia en el blog, saludos desde Almería amigo!!!